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Las comidas de la selva

Para 1988 ya eran expertos en cazar y en sobrevivir en la selva o en el bosque cuando de camping se trataba. Jacobo Pinares adquirió una carpa de la flota mercante, de varillas de fibra de vidrio y en forma de iglú, que era una novedad en la época y que lo acompañó por muchos lados y años, se dotó a sí mismo de cuchillos y navajas, encendedores, morrales y ollas especiales para acampar. Nada le faltaba; aprendió a improvisar hornillas y a montar carpas de todo tipo, a hacer zanjas para el agua y aprendió muchos nudos y maneras de iniciar un fuego, aunque siempre llevaba fósforos, candela, mechas, piras y una bolsa con "icopor" derretido en gasolina que era un excelente combustible. En su morral cada bolsillo estaba marcado con un símbolo de acceso rápido y directo; una cruz para los primeros auxilios, aunque sabía perfectamente la medicina de la selva: tomates, carbón y fango. De plantas nunca pudo aprender algo, aunque se lo propuso; un fuego para los materiales de chispa y...

Bachillerato recargado

Jacobo Pinares terminó el bachillerato de 17 años y no sabía que más hacer, al terminar dio una vuelta por el país buscando unos documentos para una herencia, pero al regresar se encontró con un vació sin llenar, además recordó que no podría volver al colegio porque ni a recoger el diploma pudo ir. Aún les faltaban firmas y se usaron para la ceremonia pero se devolvieron y había que reclamarlos firmados unos días después. Jacobo Pinares no fue, envió a un tercer elemento, claro, Carlos Arturo Pataquiva que tenía la sonrisa y el don necesario, hizo ese trabajo sucio. Fue allí donde se le ocurrió que el no necesitaba volver al colegio de siempre, que podía volver a un colegio cualquiera. Recordaría ese sueño recurrente en la universidad y en el Alzate Avendaño, sintiéndose en 10° u 11° y sabiendo que ya se había graduado tiempo atrás, hasta pensaba que esa era la facilidad que tenía para el estudio. Regresó a su barrio y buscó un colegio nocturno, inventó una excusa para no tener docume...

Grados de rebelde

Cuando Jacobo Pinares se graduó en el SENA de pedregal como "Mecánico de máquinas herramientas" no llevó a nadie, ni se vistió de la manera como lo solicitaban las reglas de etiqueta. Llegó tarde y con la ropa de siempre: blue jeans, botas de puntera de acero, camiseta de manga larga, chaqueta de jean y un morral verde atravesado en la espalda con una sola tira; pasó jugando yoyo y se ubicó cerca a la cafetería desde donde escuchó el final de la misa que daban como parte del ritual de graduación y pudo ver a sus 17 compañeros de promoción bien puestecitos de saco de paño y otros con corbata, de uñas arregladitas y cabello de peluquería mañanera, con hermanas, padres, novias algunos y algún que otro invitado a celebrar ese gran logro: graduarse en el SENA. Tres años le tomó enfrentarse a sus acusadores y presidía la entrega de grammys el súper dotado Bertulio Camacho. No evocó la manera como tuvo que entrar a esa entidad pública, sólo se sentó en una mesa y esperó a que la mi...

El primer camping

Acampar era una moda y nadie quería escaparse de ella. El gran amigo de Jacobo Pinares, Leonardo Pallares, más conocido como Sándalo, tenía previsto que salieran a la zona conocida como "cavernas del Nus" y sabían por referencias que bastaba subirse a la línea del tren que partía de la terminal de transportes de Medellín y bajarse en un pueblo conocido como Virginias y desde allí caminar. Lo hablaron toda la semana, prepararon comida no perecedera como arroz y panela, maletas del tipo tula militar de cuerpo cilíndrico y con dos cuerdas que permitían cerrarlas y colgarlas alrededor de la espalda y sobre el pecho, ropa cómoda representada en pantalonetas y zapatos tenis, fósforos, un cuchillo y platos y vasos de plástico. Todo lo acumularon en un lugar secreto para no despertar sospechas y el día de la partida llegó sin prisas y los dos imberbes e ilusos se lanzaron a la aventura. En sus casas cada uno dijo que irían a la finca de un amigo y con el dinero recogido en todo un t...

El caso SENA

Recién terminado el bachillerato Jacobo Pinares determinó que no quería saber más de estudios y se dedicó a viajar por Antioquia como un desposeído, mientras se gastaba unos pesos que le habían entregado entre su madre y su tía para que recogiera unos documentos necesarios para cobrar una herencia. Había que visitar varios pueblos dispersos en las montañas y él aprovechaba para hacerlo sin prisa. Por ejemplo, debió ir a Alejandría y aprovechó para detenerse en Guarne, San Vicente, La concha y ahí si aparecerse por Alejandría, recoger la firma de un tío, socavar en la historia familiar y por último encargar un certificado de nacimiento que, invariablemente, se demoraba dos días o tres, aunque tal invento sólo fuese la excusa para no regresar pronto y el joven Jacobo Pinares aprovechaba para disfrutar su viaje. Es válido contar que recabando secretos, se enteró de que su padrino, de apellido Ríos podría ser el papá de su papá y que su abuela paterna era una especie de mujer de la vida a...

Los pasquines

En septiembre y noviembre de 1987 Jacobo Pinares atacó la institución con el poder de la palabra, representado tal ataque en dos pasquines para contrarrestar  las amenazas de Argemiro Salazar, y las atribuciones que se abrogaba por mandato y ley, pensé en hacer uso de la memoria para retrotraerlos pero grande fue mi sorpresa al revisar los documentos y los apuntes de B. K. Encontré los originales de las cartas hechas a máquina de escribir y por ello me gustaría publicarlos acá. Igual el compromiso es pasarlos tal cual aparecen en los originales, pero habré de pasarles como mínimo un formato JPG para que comparen las miniaturas. En septiembre de 1987 salió el primero de ellos que transcribo acá, con señas y pelos, las palabras subrayadas estaban así en el original, la ausencia de algunas tildes y el nombre del dueño en minúscula. Traté de no omitir nada, ni los puntos e interrogantes son obra mía, por lo tanto, abro comillas: P.O.P.A.  sep. 25/87 ...?... Este es el m...

Anales de demolición

Cómo había conseguido llegar hasta ese momento no era un secreto, su padre tenía un taller en casa y allí sobraban las herramientas y el tiempo, e incluso los materiales para fabricar "cosas" como esa que estaba usando. ¿Por qué lo estaba haciendo? ese era otro cuento. Don Argemiro  Salazar, dueño absoluto del colegio San Agustín, con una seria tendencia homosexual, le había agredido por tercera vez esa misma semana, con ademanes molestos y con la voz levantada: "Eso no es así... compórtese... Venga a firmar el libro de disciplina..." Lo tenía harto y no encontraba más manera de desquitarse que atacando su jepp todo terreno marca Toyota. La primera vez sólo pensó en rayar un poco la pintura, pero no era fácil, así que decidió buscar un solvente de pintura, el llamado "2020" bastaba dejarlo un rato sobre una superficie pintada y se embombaba la pintura. de eso hacía unos 20 días. Salió del colegio con un cartón preparado, a las puertas del colegio le dio l...