Grados de rebelde
Cuando Jacobo Pinares se graduó en el SENA de pedregal como "Mecánico de máquinas herramientas" no llevó a nadie, ni se vistió de la manera como lo solicitaban las reglas de etiqueta. Llegó tarde y con la ropa de siempre: blue jeans, botas de puntera de acero, camiseta de manga larga, chaqueta de jean y un morral verde atravesado en la espalda con una sola tira; pasó jugando yoyo y se ubicó cerca a la cafetería desde donde escuchó el final de la misa que daban como parte del ritual de graduación y pudo ver a sus 17 compañeros de promoción bien puestecitos de saco de paño y otros con corbata, de uñas arregladitas y cabello de peluquería mañanera, con hermanas, padres, novias algunos y algún que otro invitado a celebrar ese gran logro: graduarse en el SENA. Tres años le tomó enfrentarse a sus acusadores y presidía la entrega de grammys el súper dotado Bertulio Camacho. No evocó la manera como tuvo que entrar a esa entidad pública, sólo se sentó en una mesa y esperó a que la misa del ritual tocara a su fin, e incluso esperó las monserga de Bertulio Camacho quien instó a los presentes a llevar en alto las enseñanzas de la institución, el buen nombre y la disciplina aprendida en las aulas, no dejó de recordar que todos los alumnos eran bienvenidos al SENA como egresados y que por allí se les recibiría con calor y afecto ahh y ¿cómo no? a llevar las hojas de vida al banco nacional del trabajo dirigido por el SENA. A continuación leyeron un diploma y empezaron los besos y abrazos. Jacobo Pinares se levantó de su asiento cuando oyó su nombre, repetido por la multitud "Pinares, Pinares ¿dónde está Pinares?" Se levantó y caminó serio hacía el personaje que más odió en aquella sede, no sonrió, no soltó el yoyo y no le dio la mano a quien consideraba oponente. Tomó el CAP con la mano izquierda como evitando untarse de enemigo. Bertulio Camacho se le acercó al oído y le dijo "te graduaste siempre ¿no?" Jacobo Pinares se echó hacía atrás y le espetó: "imagináte". "Pues sabélo, que no sos bienvenido acá ni en la oficina de trabajo" murmuró sin dejar de sonreirse y en baja voz, el anciano atrabiliario. Jacobo Pinares tomó el CAP lo dobló mirando a la cara de Bertulio Camacho y lo echó en su bolsillo trasero dando la espalda y dirigiéndose al comedor por algo de tomar, que la rabia le daba mucha sed. Se sentó de nuevo y al poco de terminada la ceremonia una madre fue y le dijo que sacara ese diploma del bolsillo, que eso le había costado sacrificio, que porque sus padres no estaban con él. Ella misma se lo sacó del bolsillo de atrás y lo volvió a su forma de cilindro lo mejor que pudo, después de un cariñoso sermón en el que Jacobo Pinares no dijo nada. La madre cariñosa y comprensiva se fue. Jacobo Pinares tenía claro lo que le dijeron sus padres en la primera graduación que tuvo por aquello de grados de bachiller. Esos se llevaron a cabo en el Gran hotel en el centro de Medellín, muy a la vera de la avenida Oriental, sólo tres años atrás. Recordó que sólo se podían dos invitados y el llevó a sus padres, quienes iban impecablemente de traje de paño y corbata y ella de traje largo muy elegante. Recuerda que llegaron en taxi y que su cara venía un poco pisoteada por que esa misma mañana había llegado de acampar y en aquella había pescado el sarampión, que aunque ya había cedido su fuerza, dejaba unas pústulas negras en su cara, ya resecas, pero que aún le daban un aspecto desastroso. Todos debían estar vestidos de etiqueta, pero Jacobo Pinares iba con su acostumbrado gabán negro, de botas y camiseta negra de poliéster 30% algodón. No lo dejó entrar la profesora Margarita Toro porque no cumplía las normas establecidas de etiqueta y él se quedó con sus padres en la entrada del ascensor con la primera rabia-pena que les dio a ellos aquel día. Ya él había decidido irse, pero llegaron más compañeros y lo envolvieron en un capullo empujándolo hacía el ascensor, con lo que Margarita Toro quedó despistada y por eso, ya en el piso 12, se reanudó la historia con ella: "siempre entraste" decía, y los padres de Jacobo Pinares sufrían "hacéte bien atrás para que no te vea el rector". La guerra del último año, la expulsión el último día de clase, los pasquines y el supuesto "terrorismo" tenían a Jacobo Pinares aislado, Sólo había un segundo al mando que odiaba a Argemiro Salazar como lo hacía él y ese era Freddy Alexis Herrera, junto a él se sentó y sus padres tomaron la siguiente fila de asientos en la parte de atrás.
-¿Trajiste anillo? Dijo Alexis Herrera.
- No. Respondió Jacobo Pinares.
-Yo si, pero no quiero que ese man me lo ponga
-Fresco parcero que yo lo hago.
Acordaron sabotear la fiesta y lo que hacían era aplaudir a destiempo y con "hurras" y "bravos" a cada descanso que hacían los oradores para mirar al público o para tomar aire. A cada intento de disturbio Jacobo Pinares recibía un llamado de atención desde atrás y Alexis Herrera desde un lado donde se encontraba su padre, para que informar que su madre no asistió, murió joven. Llegó la tan esperada imposición de anillos, eran 36 alumnos, el rector entregó 34 y cuando iba a dar por terminada esa sesión, Jacobo Pinares se levantó de su silla:
-Un momento, falta el anillo de grados de mi amigo, el señor Freddy Alexis Herrera.
Le puso el anillo y la gente estaba incómoda, cuchicheaban señalando al par de irreverentes y desconsiderados saboteadores, algunos sudaban, en especial los profesores y otros padres no dejaban de pensar en lo irreverentes y mal educados de aquel par de jóvenes. Recibió otro llamado de atención de su madre y ambos padres se pusieron colorados cuando el rector dijo que había gente indeseable en la sala y que por fortuna no les tenía que aguantar más en el colegio. Fue la copa que rebosó el vaso. En la entrega de diplomas se acostumbraba pasar por todos los directivos, saludarlos, sonreirles y entregar el diploma a los padres que hacían lo mismo, Cuando Jacobo Pinares fue llamado al frente, pasó sin saludar a nadie, casi arrebata el título de manos del profesor encargado de entregarlo, se giró hacía sus padres, se los entregó y pasó sin pena ni gloria por la palestra construida para los modelos de 1986. Fue a pegarse a unas copas de champagne que lograba quitar de las manos de sus compañeros o de padres abstemios y muy pronto estuvo en un sopor más caluroso y lejos de la responsabilidad de aquella tarde. Hasta allí fueron sus padres y le dijeron antes de irse airados y tristes: "Tené -entregándole el diploma de bachillerato- jamás nos volvás a invitar a tus bobadas".
Ese mismo recuerdo volvería cuando se graduó de "soldador chapista" "técnico en electrónica" y "soldaduras especiales" en uno de esos centros educativos hechos para hacer obreros. Se graduó de las tres el mismo día, en diferentes salones y cómo el la llevaba bien con Alejandro el profesor de electrónica, fue a esos grados y le enviaron los otros dos al salón de prácticas y sin mucha ceremonia. Jamás en su vida volvió a involucrar a su padres en una graduación, el mismo decidió seguirse graduando por ventanilla y así obtuvo sus títulos universitarios y otros títulos de obrero que no vale la pena mencionar, ni a él le importaban demasiado, en su casa no había rastros de fotos o diplomas, pero los cargaba todos en miniaturas, para demostrar superioridad o competencia, ya que decía que en su país, lo único que valía era un diploma y no el conocimiento. El que lucía con especial gozo y utilizaba con mucha frecuencia era el de primeros auxilios que se convertiría en "primer respondiente" con el que se paraba en los accidentes y prestaba ayuda simple en lo que pudiera. Decía que para no olvidar lo aprendido, pero muy dentro sabía que le encantaba que todos vieran que un maldito peludo, rockero, con cara de siniestro, tenía el conocimiento para ayudar.
Ese mismo recuerdo volvería cuando se graduó de "soldador chapista" "técnico en electrónica" y "soldaduras especiales" en uno de esos centros educativos hechos para hacer obreros. Se graduó de las tres el mismo día, en diferentes salones y cómo el la llevaba bien con Alejandro el profesor de electrónica, fue a esos grados y le enviaron los otros dos al salón de prácticas y sin mucha ceremonia. Jamás en su vida volvió a involucrar a su padres en una graduación, el mismo decidió seguirse graduando por ventanilla y así obtuvo sus títulos universitarios y otros títulos de obrero que no vale la pena mencionar, ni a él le importaban demasiado, en su casa no había rastros de fotos o diplomas, pero los cargaba todos en miniaturas, para demostrar superioridad o competencia, ya que decía que en su país, lo único que valía era un diploma y no el conocimiento. El que lucía con especial gozo y utilizaba con mucha frecuencia era el de primeros auxilios que se convertiría en "primer respondiente" con el que se paraba en los accidentes y prestaba ayuda simple en lo que pudiera. Decía que para no olvidar lo aprendido, pero muy dentro sabía que le encantaba que todos vieran que un maldito peludo, rockero, con cara de siniestro, tenía el conocimiento para ayudar.
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